PostHeaderIcon Ser Integral

Un ser integral conoce sin viajar, ve sin mirar, y realiza sin hacer.

Lao-Tse.

PostHeaderIcon Viviendo las Coincidencias

Cuando empezamos a considerar las coincidencias como oportunidades, cada una adquiere significado. Cada coincidencia se convierte en una oportunidad para la creatividad. Cada coincidencia se convierte en una oportunidad para convertirte en la persona que el Universo quiere que seas.

Es imposible imaginar siquiera la complejidad de las fuerzas que están detrás de cada acontecimiento de nuestras vidas. Existe una combinación de coincidencias; el ámbito no circunscrito teje la red del karma o destino, para crear la vida personal de cada individuo, tu vida o mi vida. La única razón por la que no experimentamos la sincronicidad en nuestra vida diaria es porque no vivimos desde el nivel en donde está ocurriendo. Normalmente percibimos sólo relaciones de causa y efecto: esto causa eso, que causa esto otro, que causa aquello: trayectorias lineales. Sin embargo, debajo de la superficie ocurre algo más. Existe toda una red de conexiones, invisibles para nosotros. Cuando se hacen evidentes, vemos cómo nuestras intenciones están entretejidas en esta red, que es contextual, condicional, holística y rica, a diferencia de nuestra experiencia superficial.

Con frecuencia caemos en comportamientos rutinarios; seguimos los mismos patrones y actuamos de manera predecible, día tras día. Programamos nuestra mente y sólo continuamos poniendo un pie delante del otro. ¿Cómo podrían ocurrir milagros si simplemente marchamos mecánicamente por la vida, sin pensar ni estar conscientes?

Las coincidencias son señalamientos en el camino que atraen nuestra atención hacia algo importante de nuestras vidas, atisbos de lo que ocurre más allá de las distracciones cotidianas. Podemos ignorar esas señales y seguir adelante o podemos prestarles atención y vivir el milagro que está esperándonos.

Deepak Chopra.

PostHeaderIcon Fe

Cuenta Sri Ramakrisna que un hombre se aprestaba a cruzar un río cuando el maestro Bibhishana se aproximó, escribió un nombre en una hoja, la ató a la espalda del hombre y le dijo:

- No tengas miedo. Tu fe te ayudará a caminar sobre las aguas. Pero en el instante en que pierdas la fe, te ahogarás.

El hombre confió en Bibhishana y comenzó a caminar sobre las aguas, sin ninguna dificultad. A cierta altura no obstante, sintió un inmenso deseo de saber lo que su maestro había escrito en la hoja atada a sus espaldas. La cogió y leyó lo que estaba escrito: “¡Oh, dios Rama, ayuda a este hombre a cruzar el río!”.
“¿Sólo esto?”, pensó el hombre. “¿Quién es este dios Rama, al fin y al cabo?”

En el momento en que la duda se instaló en su mente, él se sumergió y se ahogó en la corriente.

Paulo Coelho.

PostHeaderIcon Encontrar la Verdadera Fuente

Cuando ves a un amigo y de pronto sientes que brota la alegría en tu corazón, concéntrate en esta alegría. Siéntela, conviértete en ella, y reúnete con él rebosante y siendo consciente de ella. Deja al amigo en la periferia y tú permanece centrado en tu sentimiento de felicidad.

Lo mismo puede hacerse en muchas otras situaciones. Está saliendo el sol y de pronto sientes que algo está naciendo dentro de ti. Entonces olvídate del sol, déjalo en la periferia. Tú céntrate en tu propia sensación de energía naciente. En el momento en que la observes, se difundirá, llenará todo tu cuerpo, todo tu ser. Pero no seas sólo un observador, fúndete en ella. Son pocos los momentos en los que sientes alegría, felicidad, dicha, pero siempre los malgastas porque te centras en el objeto.

Siempre que hay alegría sientes que viene de fuera. Te has encontrado a un amigo y, desde luego, parece que la alegría viene de tu amigo, del hecho de verle. Esto no es cierto. La alegría siempre está dentro de ti. Tu amigo sólo es un detonante de la situación. Ha ayudado a que salga tu alegría, te ha ayudado a que veas que está ahí. Y esto ocurre no sólo con la alegría, sino con cualquier sentimiento: con la ira, con la tristeza, con la miseria, con la felicidad; en una palabra, con todo. Los demás sólo hacen que expreses lo que está escondido en ti. No son las causas, no están causando nada dentro de ti. Lo que quiera que esté ocurriendo, te está ocurriendo a ti. Siempre ha estado allí. Lo único es que este encuentro con tu amigo se ha convertido en un estímulo por el que ha aflorado lo que estaba escondido, ha salido de sus recónditos orígenes, se ha hecho aparente, manifiesto. Cuando esto ocurra, permanece centrado en el sentimiento interior y entonces tendrás una actitud distinta hacia todo en la vida.

Haz esto incluso con las emociones negativas. Cuando estés enfadado, no te centres en la persona que lo ha provocado. Mantenle en la periferia. Simplemente fúndete con tu enfado. Siente el enfado en su totalidad, permite que ocurra dentro de ti. No racionalices. No digas que tal persona lo ha generado, no la condenes; solamente ha sido un detonante de la situación. Y siente agradecimiento hacia ella, porque ha ayudado a que algo que estaba escondido salga al descubierto. Ha acertado en algún punto donde había una herida oculta. Ahora lo sabes; por tanto, conviértete en esa herida.

Con cualquier emoción, ya sea negativa o positiva, usa esto y se producirá un gran cambio en ti. Si la emoción es negativa, te librarás de ella al ser consciente de que está en tu interior. Si la emoción es positiva, te convertirás en la propia emoción. Si es alegría, te convertirás en alegría. Si es enfado, el enfado se diluirá.

Esta es la diferencia entre las emociones negativas y las positivas: si al hacerte consciente de una cierta emoción ésta se evapora, es que es negativa; si te transforma en ella y entonces la emoción se extiende y se convierte en tu ser, entonces es señal de que es positiva. La consciencia funciona de distinta forma en ambos casos.

Si es una emoción venenosa, te liberas de ella a través de la consciencia. Si es buena, dichosa, extática, te haces uno con ella, la consciencia la hace más profunda.

Osho.

PostHeaderIcon Consideración

Una mujer y su hijo se encuentran en una cafetería. Tras escuchar el pedido de la madre, la camarera se dirige al niño:

- ¿Y tú qué vas a querer?
- Un perro caliente.
- De eso nada –salta la madre- Lo que él quiere es un filete de ternera con guarnición de verduras.

La camarera, ignorando el comentario, le pregunta al chico:
- ¿Lo quieres con mostaza o con kétchup?
- Con los dos –responde el chico-.

Y a continuación se vuelve hacia la madre, todo sorprendido:
- ¡Mamá! ¡Ella cree que soy de verdad!.

Anthony Mello



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