Archivo para la Categoria ‘En Poemas’
Amistad
Vuestro amigo es la respuesta a vuestras necesidades.
El es el campo que sembráis con amor y cosecháis con agradecimiento.
El es vuestra mesa y el fuego de vuestro hogar.
Porque os acercáis a él con vuestro hambre, y le buscáis sedientos de paz.
Cuando vuestro amigo os manifieste su pensamiento, no temáis el “no” en vuestra cabeza, ni retengáis el “si”.
Y cuando él permanezca en silencio, que vuestro corazón no deje de oír su corazón.
Porque en la amistad, todos los pensamientos, todos los deseos, todas las esperanzas nacen y se comparten con gozo y sin alardes.
Cuando os alejéis de vuestro amigo, no sintáis dolor.
Porque lo que más amáis en él quizá esté más claro en su ausencia, igual que la montaña es más clara desde el llano para el que quiere subirla.
Y no permitas que haya en la amistad otro interés que el que os lleve a profundizar en el espíritu.
Porque el amor que no busca más que la revelación de su propio misterio no es amor, sino una red tendida que sólo recoge la pesca inútil.
Que lo mejor de vosotros sea para vuestro amigo.
Si ha de conocer el flujo de vuestra marea, que también conozca su reflujo.
Porque, ¿qué amigo sería aquél que tuvierais que buscaros para matar las horas?
Buscadlo para vivir las horas.
Porque existe para colmar vuestra necesidad, no vuestro vacío.
Y haced que en la dulzura de la amistad haya risas y placeres compartidos.
Porque en el rocío de las cosas pequeñas, el corazón encuentra su alborada y se refresca.
Jalil Gibran
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Enseñanza
Nadie puede revelaros nada que no repose aletargado en el amanecer de vuestro conocimiento.
El maestro que pasea a la sombra del templo entre sus discípulos no da su sabiduría, sino más bien su fe y su afecto.
Si es de verdad sabio, no os obligará a que entréis en la casa de su sabiduría: os guiará sólo hasta el umbral de vuestro propio espíritu.
El astrónomo puede hablaros de su conocimiento del espacio, mas no podrá daros ese conocimiento mismo.
El músico podrá describiros el ritmo que existe en todo ámbito, pero no podrá daros el oído que capta ese ritmo ni la voz que le da eco.
Y quien está versado en la ciencia de los números, podrá hablaros de las relaciones, entre el peso y la medida, pero no podrá conduciros a ellas.
Porque la visión de un hombre no presta sus alas a otro hombre.
Y de igual forma que cada uno de vosotros se halla sólo en el conocimiento de Dios, así cada uno de vosotros debe estar sólo en su conocimiento de Dios y en su conocimiento de la tierra.
Jalil Gibran.
Trabajo
Trabajáis para ir al ritmo de la tierra y del alma de la tierra.
Porque permanecer ociosos es ser un extraño para las estaciones y desertar del cortejo de la vida, quien camina con majestad y orgullosa sumisión hacia el infinito.
Cuando trabajáis sois una flauta a través de cuyo corazón el murmullo de las horas se convierte en melodía.
¿Quién de vosotros querría ser un caramillo mudo y silente mientras todo lo demás canta al unísono?
Siempre os han dicho que el trabajo es maldición, y el laboreo un infortunio.
Mas yo os digo que cuando trabajáis cumplís una parte del más remoto sueño de la tierra, una parte que os fue asignada a vosotros cuando el sueño nació.
Y trabajando estáis en verdad amando a la vida.
Y amar a la vida mediante el trabajo es estar en intimidad con el secreto más recóndito de la vida.
Mas si en vuestra aflicción llamáis dolor al nacimiento y maldición escrita sobre vuestra frente a lo que sostiene la carne, entonces os contesto que sólo el sudor de vuestra frente lavará lo que en ella está escrito.
Os han dicho también que la vida es oscuridad, y en medio de vuestro cansancio no hacéis sino repetir, como eco, lo que dijo el hastiado.
Mas yo os digo que en verdad la vida es oscuridad cuando no hay actividad ninguna.
Que toda actividad es ciega cuando no hay conocimiento.
Que todo conocimiento es vano cuando no hay trabajo.
Que todo trabajo es vacío cuando no hay amor.
Por que cuando trabajáis con amor estáis en armonía con vosotros mismos, y con los demás, y con Dios.
Y, ¿qué es trabajar con amor?
Es tejer la tela con hilos extraídos de vuestro corazón, como si el ser más amado por vosotros fuera a usar esa tela.
Es levantar una morada con cariño, como si el ser más amado por vosotros fuera a vivir en ella.
Es sembrar con ternura y cosechar con alegría, como si el ser más amado por vosotros fuera a alimentarse con los frutos.
Es infundir en todas las cosas que creáis el aliento de vuestro propio espíritu.
Y saber que todos los muertos queridos están a vuestro lado, y os observan.
Con frecuencia es he oído decir, como si hablaseis en sueños:
“Quien trabaja el mármol y talla en la piedra la forma de su propia alma, es más noble que quien ara los surcos.
Y quien rapta el arcoíris para plasmar sus colores sobre una tela a imagen de un hombre, es más que quien hace las sandalias”.
Mas yo os digo no en sueños, sino cuando más despierto estoy, que el viento habla con igual dulzura a los gigantescos robles que a las hierbas más insignificantes; y que sólo es grande quien transforma la voz del viento en melodía, más dulce aún gracias por su propia capacidad de amar.
El trabajo es amor hecho presencia.
Y si no podéis trabajar con amor, sino con disgusto, mejor es que dejéis vuestra tarea y os sentéis a la puerta del templo para pedir limosna a quienes trabajan con gozo.
Porque si amasáis el pan con indiferencia, estáis haciendo un pan amargo que sólo a medias aplacará el apetito de un hombre.
Y si pisáis las uvas de mala gana, vuestra desgana destila veneno sobre el vino.
Y aunque cantéis como los ángeles, si no amáis el canto estáis impidiendo que los oídos del hombre escuchen las voces del día y las voces de la noche.”
Jalil Gibran
Oracion
Oráis en vuestra angustia y en vuestras necesidades; mas, debéis orar también en la plenitud de vuestro gozo y en vuestros días de abundancia.
¿Qué es la oración sino la expansión de vosotros mismos en el éter viviente?
Y si para aliviaros volcáis vuestra oscuridad en el espacio, también para vuestro deleite debéis derramar en él, el alba de vuestro corazón.
Y si sólo podéis llorar cuando vuestra alma os incita a la oración, también ella os incitará repetidas veces hasta que podáis reír.
Cuando oráis, os eleváis para encontrar en el espacio a quienes en ese mismo momento están orando, y a quienes no podréis encontrar en ninguna otra parte fuera de la oración.
Por tanto, procurad que vuestra visita a ese invisible templo no sea más que éxtasis y dulce comunión.
Porque si entráis en el templo con el único propósito de pedir, no recibiréis.
Y si entráis para humillaros, no seréis levantados.
Y si lo hacéis para rogar por el bien de otros, no seréis escuchados.
Basta con que entréis en el templo, invisible.
No puedo enseñaros a orar con palabras.
Dios no atiende vuestras palabras salvo cuando es El mismo quien las dice a través de vuestros labios.
Y yo no puedo enseñaros la oración de los mares, de los bosques y de las montañas.
Mas vosotros, nacidos de las montañas y los bosques y los mares, podéis encontrar su oración en vuestro corazón.
Y si os limitáis a escuchar en la quietud de la noche, le oiréis decir en el silencio: “Señor nuestro, que eres nuestro ser alado, es Tu voluntad la que quiere en nosotros.
Es Tu anhelo el que anhela en nosotros.
Es Tu impulso el que en nosotros convierte nuestras noches, que son tuyas, en días, que también son tuyos.
Nada podemos pedirte porque Tú sabes nuestras necesidades antes de que nazcan en nosotros.
Tú eres nuestra necesidad, y dándonos más a ti mismo, nos lo ofreces todo.”
Jalil Gibran
El Dolor
Vuestro dolor es la eclosión de la envoltura que encierra vuestro entendimiento.
De igual modo que la semilla del fruto debe romperse para que su corazón salga al sol, así vosotros debéis conocer el dolor.
Y aunque lograrais mantener vuestro corazón extasiado ante los milagros cotidianos de la existencia, no os parecería vuestro dolor menos maravilloso que vuestro gozo.
Y entonces aceptarías las estaciones de vuestro corazón como siempre habéis aceptado las estaciones que pasan sobre vuestros campos.
Y serenos velaríais en los inviernos de vuestro dolor.
Muchas de vuestras aflicciones las habéis escogido vosotros mismos.
Son el remedio amargo con que el médico que todos llevamos dentro cura vuestras enfermedades.
Por tanto, confiad en el médico y bebed su remedio en silencio, tranquilamente.
Porque su mano, aunque dura y pesada, está guiada por la mano tierna del invisible.
Y la copa que brinda ha sido modelada aunque queme vuestros labios, con la arcilla que el Alfarero humedeció con sus propias lágrimas sagradas.
Jalil Gibran
Muerte
¡Queréis conocer el secreto de la muerte!
Mas, ¿Cómo conocerlo a menos que lo busquéis en el corazón de la vida?
El búho, de ojos sitiados por la noche que son ciegos por el día, no puede quitar el velo al misterio de la luz.
Si en verdad queréis contemplar el espíritu de la muerte, abrid de par en par vuestro corazón al cuerpo de la vida. Porque la vida y la muerte son una, lo mismo que son uno el río y el mar.
En lo más hondo de vuestras esperanzas y deseos descansa vuestro silente conocimiento del más allá. Y como semillas que sueñan bajo la nieve, así vuestro corazón sueña con la primavera.
Confiad en los sueños, porque en ellos se esconde el camino a la eternidad.
Vuestro miedo a la muerte no es más que el temblor del pastor de pie ante el rey, cuya mano va a posarse sobre él para honrarlo.
Bajo su miedo, ¿no está jubiloso el pastor sabiendo que podrá ostentar el sello del rey?
¿No le hace eso más consciente de su temblor?
Porque, ¿qué es el morir, sino entregarse desnudo al viento y fundirse con el sol?
¿Y qué es dejar de respirar, sino liberar la respiración de sus inquietos vaivenes para que pueda alzarse y expandirse y buscar sin trabas a Dios?
En verdad, sólo cantaréis realmente cuando bebáis del río del silencio.
Y sólo cuando hayáis alcanzado la cima de la montaña empezaréis a escalar.
Y sólo cuando la tierra reclame vuestros miembros, bailaréis en verdad.
Jalil Gibran.
Autoconocimiento
En silencio, vuestros corazones saben los secretos de los días y de las noches.
Mas vuestros oídos ansían escuchar el eco del conocimiento de vuestro corazón.
Quisierais saber en palabras lo que siempre supisteis en pensamiento.
Quisierais tocar con vuestros dedos el desnudo cuerpo de vuestros sueños.
Y es bueno que así sea.
El recóndito manantial de vuestra alma necesita brotar y correr murmurando hacia el mar.
Y el tesoro de vuestra profundidad infinita se revelaría entonces a vuestros ojos.
Mas, no tratéis de pesar en balanzas vuestro tesoro desconocido.
Ni exploréis las profundidades de vuestro conocimiento con cayados ni sondas.
Porque el yo es un mar infinito, inconmensurable.
No digáis: “He hallado la verdad”, sino: “He hallado una verdad”.
No digáis: “He encontrado la senda del alma”.
Decid más bien: “He encontrado al alma caminando por mi senda”.
Porque el alma camina por todas las sendas.
El alma no va en línea recta, ni crece como una caña.
El alma se despliega como un loto de innumerables pétalos.
Jalil Gibrán





