Archivo para la Categoria ‘En Relatos’

PostHeaderIcon Fe

Cuenta Sri Ramakrisna que un hombre se aprestaba a cruzar un río cuando el maestro Bibhishana se aproximó, escribió un nombre en una hoja, la ató a la espalda del hombre y le dijo:

- No tengas miedo. Tu fe te ayudará a caminar sobre las aguas. Pero en el instante en que pierdas la fe, te ahogarás.

El hombre confió en Bibhishana y comenzó a caminar sobre las aguas, sin ninguna dificultad. A cierta altura no obstante, sintió un inmenso deseo de saber lo que su maestro había escrito en la hoja atada a sus espaldas. La cogió y leyó lo que estaba escrito: “¡Oh, dios Rama, ayuda a este hombre a cruzar el río!”.
“¿Sólo esto?”, pensó el hombre. “¿Quién es este dios Rama, al fin y al cabo?”

En el momento en que la duda se instaló en su mente, él se sumergió y se ahogó en la corriente.

Paulo Coelho.

PostHeaderIcon Abdullah

Un místico sufí que había sido feliz toda su vida –nadie le había visto nunca infeliz- siempre se estaba riendo. Era la risa misma, todo su ser era como un perfume de celebración. Ya anciano, cuando se estaba muriendo, incluso postrado en su lecho de muerte estaba disfrutando de la situación riendo divertidísimo. Un discípulo le dijo:

-Nos confundes. Te estás muriendo. ¿Por qué te ríes? ¿Qué hay de divertido en ello? Nosotros nos sentimos tan tristes . . . Te quisimos preguntar muchas veces por qué nunca estabas triste. Al menos ahora, enfrentando la muerte, deberías estar triste, ¡y aún ahora te estás riendo! ¿Cómo te las arreglas?

Y el anciano dijo: -La clave es simple. Se la pregunté a mi maestro. Fui a mi maestro cuando yo era joven –sólo tenía diecisiete años- y ya me sentía miserable. Mi maestro era viejo –tenía setenta años- y estaba sentado debajo de un árbol riendo sin ninguna razón aparente. No había nadie más, ni había ocurrido nada. Nadie había contado un chiste ni nada parecido, y él se estaba riendo agarrándose la tripa. Yo le pregunté: “¿Qué te ocurre? ¿Estás loco o qué?”

El dijo: “Un día también estaba tan triste como tú, y entonces caí en la cuenta de que esa era mi elección, es era mi vida. Desde ese día, cada mañana, al despertarme, la primera cosa que hago antes de abrir los ojos es decirme a mí mismo: Abdullah –ése era su nombre-, ¿qué quieres?: ¿Miseria? ¿Dicha? ¿Qué vas a elegir hoy?. Y ocurre que siempre elijo la dicha”.

Se trata de una elección. Inténtalo. Nada más despertarte, cuando te das cuenta de que el sueño te ha dejado, pregúntate: “Abdullah, ¡un día más! ¿Qué quieres? ¿Qué es lo que eliges?: ¿Sufrimiento o dicha?”.

Y ¿quién elegiría la miseria? Y ¿por qué? Es tan antinatural . . .a menos que uno se sienta dichoso siendo mísero. Y entonces estarías eligiendo igualmente la dicha, no la miseria.

Osho.

PostHeaderIcon Nadie se lo Cree

Cuenta la leyenda que, justo después de su iluminación, Buda decidió pasear por los campos. En el camino se cruzó con un labrador, que se quedó impresionado con la luz que emanaba del maestro.

- Amigo, ¿quién eres tú? –preguntó el labrador- Pues tengo la sensación de estar delante de un ángel, o de un Dios.
- No soy ni lo uno ni lo otro –respondió Buda.
- ¿Acaso eres entonces un poderoso hechicero?
- No, tampoco.
- En ese caso, ¿qué es lo que te hace tan diferente de los demás hasta el punto de que un simple campesino como yo pueda sentirlo?
- Soy apenas alguien que despertó a la vida. Nada más. Pero le digo esto a todo el mundo, y nadie se lo cree.

Paulo Coelho.

PostHeaderIcon Cara a cara con el peligro

El discípulo le dijo al maestro:

- He pasado gran parte de mi vida viendo cosas que no debía ver, deseando cosas que no debía desear, haciendo planes que no debía hacer.

El maestro invitó al discípulo a dar un paseo. Por el camino, señalo una planta y preguntó al discípulo si sabía que era.

- Belladona Puede matar a quien coma sus hojas.
- Pero no puede matar a quien se limita a contemplarla. De la misma manera, los deseos negativos no pueden causar ningún mal, siempre y cuando tú no te dejes seducir por ellos.

Paulo Coelho.

PostHeaderIcon Aprendiendo a ver

Cierta vez le preguntaron al escultor Miguel Ángel cómo hacía para crear obras tan magníficas.
“Es muy sencillo”, respondió él. “Cuando miro un bloque de mármol, veo la escultura adentro. Todo lo que tengo que hacer es retirar los sobrantes”.

En el fondo, la vida es el arte de ver más allá de las apariencias. La obra de arte de nuestra existencia está, muchas veces, recubierta por años de miedos, culpas e indecisiones. Pero si nos decidimos a retirar estos sobrantes, si no dudamos de nuestra capacidad, podremos llevar adelante la misión que nos fue destinada.

Paulo Coelho

PostHeaderIcon La Perla

Dijo una ostra a otra ostra vecina:

-Siento un gran dolor dentro de mí. Es pesado y redondo y me lastima.

Y la otra ostra replicó con arrogante complacencia:

-Alabados sean los cielos y el mar. Yo no siento dolor dentro de mí. Me siento bien e intacta por dentro y por fuera.

En ese momento, un cangrejo que por allí pasaba escuchó a las dos ostras, y dijo a la que estaba bien por dentro y por fuera:

-Sí, te sientes bien e intacta; mas él dolor que soporta tu vecina es una perla de inigualable belleza.

Jalil Gibran

PostHeaderIcon El Oro

Cierto día, dos hombres que se encontraron en la ruta caminaban junto hacia Salamis, la Ciudad de las Columnas. Al mediodía llegaron hasta un ancho río sin puente para cruzarlo. Debían nadar o buscar alguna otra ruta que desconocían.
Y se dijeron: “Nademos. Después de todo el río no es tan ancho”. Y se zambulleron y nadaron.

Y uno de los hombres, el que siempre supo de ríos y rutas de ríos, de pronto, en el medio de la corriente, comenzó a perderse y a ser arrastrado por las impetuosas aguas; mientras, el otro, que nunca antes había nadado, cruzó el río en línea recta y se detuvo sobre un banco. Entonces, viendo a su compañero luchando aún con la corriente, se arrojó otra vez al agua y lo trajo a salvo hasta la orilla.

Y el hombre que había sido arrastrado por la corriente dijo:
-¿No habías dicho que no podías nadar? ¿Cómo es que cruzaste el río con tanta seguridad?

-Amigo -explicó el segundo hombre-, ¿ves este cinturón que me ciñe? Está lleno de monedas de oro que gané para mi esposa y mis hijos, todo un año de trabajo. Es el peso de este cinturón el que me condujo a través del río, hacia mi esposa y mis hijos. Y mi esposa y mis hijos estaban sobre mis hombros mientras yo nadaba.
Y los dos hombres continuaron su camino juntos hacia Salamis.

Jalil Gibran



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