Entradas con la Etiqueta ‘Con Humor’
Amabilidad
Hubo un alboroto en la ciudad durante una gran tormenta de nieve. Mulla Nasrudin se acercó a ayudar a una señora gorda a subir a un taxi. Tras sudar, empujar y resbalar en la nieve, le dijo a la señora que no podía ayudarla e entrar en el taxi.
La señora le respondió: “¡Lo que estoy haciendo es tratando de salir!.
Busto
Un hombre había ido a ver un gran museo. El hombre era muy rico, así que le pusieron el mejor guía. Se fijó en un busto y preguntó: “¿Quién es este?”.
El guía en realidad no lo sabía, así que dijo: “Es el busto de Napoleón”.
De nuevo otro pequeño busto, y de nuevo volvió a preguntar. Y el guía estaba tan nervioso ante este hombre tan rico, tenía tanto miedo, que se hizo tal lío que dijo: “Este también es el busto de Napoleón”.
Así que el hombre rico dijo: “¿Cómo? ¿Dos bustos?”
Entonces el guía se encontró en un aprieto, tenía que dar alguna respuesta. Así que dijo: “Sí, este es de cuando era pequeño y el otro de cuando era mayor”.
Galante
El anciano entró en su bar favorito, y vio que la camarera habitual había sido sustituida por una nueva. Al principio se quedó perplejo, pero le dijo galantemente que era “la chica más guapa que había visto desde hacía mucho tiempo”.
La nueva camarera, una mujer altiva, negó con la cabeza y dijo secamente:
-Lo siento, no puedo devolverle el cumplido-.
-Bueno, querida –dijo el anciano plácidamente- Podrías haber hecho lo mismo que yo. Podrías haber mentido.
Accidente
De repente, se estaba muriendo un hombre tras un accidente de coche. Nadie sabía que era judío, de modo que llamaron a un sacerdote católico. El sacerdote se reclinó junto al hombre –el hombre se estaba muriendo, eran los últimos estertores de la muerte- y el sacerdote dijo: -¿Crees en la Santa Trinidad: el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo?
El hombre abrió los ojos y dijo: -Estoy aquí a punto de morirme. . . y ¡él está jugando a los acertijos!
Mulla Nasrudin – 3
Nasrudin volvía, completamente borracho, al amanecer. Y al pasar por el cementerio se fijó en un cartel, en el que estaba escrito con letras grandes: TOQUE LA CAMPANA PARA LLAMAR AL VIGILANTE; y eso es exactamente lo que hizo.
Al ser tan temprano, el vigilante se molestó. Salió tambaleándose y enfadado; y cuando vio a Nasrudin, absolutamente borracho, se enfadó más aun.
Le preguntó: “¿Pero por qué? ¿Por qué has tocado la campana? ¿Para qué me has despertado? ¿Qué pasa? ¿Qué quieres?”
Nasrudin le miró un momento en silencio, luego se volvió hacia el cartel y le dijo: “Pues a mí me gustaría saber: ¿porqué me piden a mí que llame al vigilante?”





