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La Pareja en Meditación
Ante todo es preciso comprender algunas cosas fundamentales.
Primero: hombre y mujer son, por una parte, complementarios, y por otra, opuestos.
El ser opuestos hace que se atraigan mutuamente. Cuanto más lejos estén, más profunda será la atracción; cuanto más distintos sean el uno del otro, mayor será el encanto, la belleza y la atracción. Sin embargo ahí radica el problema.
Al acercarse, quieren acercarse más, quieren fundirse el uno en el otro, quieren volverse uno, un todo armonioso; pero toda su atracción se basa en la oposición, y la armonía dependerá de disolver esa oposición.
A menos que una relación amorosa sea muy consciente, creará angustia, un gran problema. Todos los enamorados tienen problemas. El problema no es personal, está en la misma naturaleza de las cosas. De no ser así no se habrían atraído mutuamente –eso que llaman “enamorarse”-, no pueden dar ninguna razón de por qué sienten una atracción tan tremenda el uno hacia el otro. Ni siquiera son conscientes de las causas subyacentes; de ahí que ocurra algo extraño: los amantes más felices son aquellos que nunca llegan a encontrarse.
Una vez se encuentran, la misma oposición que genera la atracción se convierte en conflicto. Sus actitudes son distintas en las pequeñas cosas, sus planteamientos son distintos. A pesar de que hablan el mismo idioma, no se entienden. Todos los conflictos del mundo se deben a los malentendidos. Dices algo y tu mujer entiende otra cosa. Ella dice algo y tú entiendes otra cosa.
Sólo a través de la meditación el amor empieza a tomar nuevos colores, nueva música, nuevas canciones, nuevas danzas; porque la meditación te da la comprensión para entender al polo opuesto, y con la comprensión el conflicto desaparece.
Osho.
¿Dónde está Dios?
Muchas personas vienen a mí y me dicen: “Queremos conocer a Dios; ¿dónde está Dios?”.
Pues bien, la pregunta es completamente absurda.
¡Dónde no está! Tú preguntas dónde está; debes de estar completamente ciego. ¿No puedes verle?, ¿no puedes ver que sólo él existe? En el árbol y en el pájaro, en el animal, en el río, en la montaña, en el hombre, en la mujer . . ., él está en todas partes.
El ha tomado muchas formas para rodearte, para bailar a tu alrededor. ¡El está diciendo “hola” desde todas partes! Y tú no escuchas. Te está llamando desde todas partes. Te está invitando desde todas partes: ¡ven a mí! Pero de alguna manera tú estás cerrando los ojos, o los tienes vendados; no miras a ninguna parte.
Osho.
Enseñanza
Nadie puede revelaros nada que no repose aletargado en el amanecer de vuestro conocimiento.
El maestro que pasea a la sombra del templo entre sus discípulos no da su sabiduría, sino más bien su fe y su afecto.
Si es de verdad sabio, no os obligará a que entréis en la casa de su sabiduría: os guiará sólo hasta el umbral de vuestro propio espíritu.
El astrónomo puede hablaros de su conocimiento del espacio, mas no podrá daros ese conocimiento mismo.
El músico podrá describiros el ritmo que existe en todo ámbito, pero no podrá daros el oído que capta ese ritmo ni la voz que le da eco.
Y quien está versado en la ciencia de los números, podrá hablaros de las relaciones, entre el peso y la medida, pero no podrá conduciros a ellas.
Porque la visión de un hombre no presta sus alas a otro hombre.
Y de igual forma que cada uno de vosotros se halla sólo en el conocimiento de Dios, así cada uno de vosotros debe estar sólo en su conocimiento de Dios y en su conocimiento de la tierra.
Jalil Gibran.
Amantes
A menos que un hombre y una mujer sepan lo que es el silencio, a menos que puedan estar sentados juntos en un profundo silencio, no pueden fundirse en el ser del otro. Es posible que sus cuerpos logren penetrarse, pero sus almas permanecerán separadas. Y cuando las almas se encuentran hay comunión, comprensión.
Esto ocurre solamente algunas veces en tu vida, en algunos momentos en los que amas a alguien.
En algunos momentos de amor, esto ocurre: que el observador se convierte en lo observado. Esta es una hermosa meditación: si amas alguien, siéntate con esa persona y miraos a los ojos; sin pensar nada, sin pensar en quién es esa persona, sin crear un proceso de pensamiento, sólo mirándoos a los ojos.
Puede que haya algunos vislumbres en los que el observador se convierta en lo observado, en los que te perderás y no sabrás quien eres; no sabrás si tú te has convertido en el amado o el amado se ha convertido en ti. Los ojos son unas puertas maravillosas para entrar el uno en el otro. Y en alguna parte, en lo más profundo, ocurre un encuentro.
Osho.
Ying y Yang
La vida es así; el encuentro de los opuestos. Este círculo del ying y el yang es mitad blanco y mitad negro. En la parte blanca hay un punto negro, y en la parte negra hay un punto blanco. El blanco se mueve hacia el negro, y el negro se mueve hacia el blanco; es un círculo. La mujer moviéndose hacia el hombre, el hombre moviéndose hacia la mujer . . . : así es la vida. Y si lo observas minuciosamente, lo verás dentro de ti.
A veces una mujer se vuelve hombre, y cuando lo hace ningún hombre puede competir con ella; se vuelve muy peligrosa, por lo que entonces es mejor que el hombre se rinda. Y eso es exactamente lo que hacen todos los hombres: se vuelven sumisos, se rinden. Porque el hombre tiene que convertirse inmediatamente en mujer, pues si no, habrá problemas. Dos espadas en el mismo lugar causarán problemas. Si la mujer se ha convertido en hombre, si ella ha cambiado el rol, inmediatamente el hombre se convierte en mujer. Así todo se restablece. Y de nuevo el círculo se completa.
Y siempre que un hombre se somete y se rinde, su rendición tiene una pureza con la que ninguna mujer puede competir; porque ordinariamente el hombre nunca adopta esta postura, este juego. Normalmente él se levanta y lucha. Normalmente él es voluntad, no sumisión. Pero cuando se rinde posee una inocencia con la que ninguna mujer puede competir. Mira a un hombre enamorado; se vuelve como un niño pequeño. Pero es así como se mueve la vida.
Osho.
Accidente
De repente, se estaba muriendo un hombre tras un accidente de coche. Nadie sabía que era judío, de modo que llamaron a un sacerdote católico. El sacerdote se reclinó junto al hombre –el hombre se estaba muriendo, eran los últimos estertores de la muerte- y el sacerdote dijo: -¿Crees en la Santa Trinidad: el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo?
El hombre abrió los ojos y dijo: -Estoy aquí a punto de morirme. . . y ¡él está jugando a los acertijos!
Introspección
Y allí yace la voluntad que no muere. ¿Quién conoce los misterios de la voluntad con su vigor?
Porque Dios no es sino una gran voluntad que penetra todas las cosas por la naturaleza de su empeño.
El hombre no se entrega a los ángeles, ni a la muerte por entero, como no sea por la flaqueza de su débil voluntad.
Edgar Allan Poe, Ligeia





