Entradas con la Etiqueta ‘Osho’

PostHeaderIcon Encontrar la Verdadera Fuente

Cuando ves a un amigo y de pronto sientes que brota la alegría en tu corazón, concéntrate en esta alegría. Siéntela, conviértete en ella, y reúnete con él rebosante y siendo consciente de ella. Deja al amigo en la periferia y tú permanece centrado en tu sentimiento de felicidad.

Lo mismo puede hacerse en muchas otras situaciones. Está saliendo el sol y de pronto sientes que algo está naciendo dentro de ti. Entonces olvídate del sol, déjalo en la periferia. Tú céntrate en tu propia sensación de energía naciente. En el momento en que la observes, se difundirá, llenará todo tu cuerpo, todo tu ser. Pero no seas sólo un observador, fúndete en ella. Son pocos los momentos en los que sientes alegría, felicidad, dicha, pero siempre los malgastas porque te centras en el objeto.

Siempre que hay alegría sientes que viene de fuera. Te has encontrado a un amigo y, desde luego, parece que la alegría viene de tu amigo, del hecho de verle. Esto no es cierto. La alegría siempre está dentro de ti. Tu amigo sólo es un detonante de la situación. Ha ayudado a que salga tu alegría, te ha ayudado a que veas que está ahí. Y esto ocurre no sólo con la alegría, sino con cualquier sentimiento: con la ira, con la tristeza, con la miseria, con la felicidad; en una palabra, con todo. Los demás sólo hacen que expreses lo que está escondido en ti. No son las causas, no están causando nada dentro de ti. Lo que quiera que esté ocurriendo, te está ocurriendo a ti. Siempre ha estado allí. Lo único es que este encuentro con tu amigo se ha convertido en un estímulo por el que ha aflorado lo que estaba escondido, ha salido de sus recónditos orígenes, se ha hecho aparente, manifiesto. Cuando esto ocurra, permanece centrado en el sentimiento interior y entonces tendrás una actitud distinta hacia todo en la vida.

Haz esto incluso con las emociones negativas. Cuando estés enfadado, no te centres en la persona que lo ha provocado. Mantenle en la periferia. Simplemente fúndete con tu enfado. Siente el enfado en su totalidad, permite que ocurra dentro de ti. No racionalices. No digas que tal persona lo ha generado, no la condenes; solamente ha sido un detonante de la situación. Y siente agradecimiento hacia ella, porque ha ayudado a que algo que estaba escondido salga al descubierto. Ha acertado en algún punto donde había una herida oculta. Ahora lo sabes; por tanto, conviértete en esa herida.

Con cualquier emoción, ya sea negativa o positiva, usa esto y se producirá un gran cambio en ti. Si la emoción es negativa, te librarás de ella al ser consciente de que está en tu interior. Si la emoción es positiva, te convertirás en la propia emoción. Si es alegría, te convertirás en alegría. Si es enfado, el enfado se diluirá.

Esta es la diferencia entre las emociones negativas y las positivas: si al hacerte consciente de una cierta emoción ésta se evapora, es que es negativa; si te transforma en ella y entonces la emoción se extiende y se convierte en tu ser, entonces es señal de que es positiva. La consciencia funciona de distinta forma en ambos casos.

Si es una emoción venenosa, te liberas de ella a través de la consciencia. Si es buena, dichosa, extática, te haces uno con ella, la consciencia la hace más profunda.

Osho.

PostHeaderIcon Abdullah

Un místico sufí que había sido feliz toda su vida –nadie le había visto nunca infeliz- siempre se estaba riendo. Era la risa misma, todo su ser era como un perfume de celebración. Ya anciano, cuando se estaba muriendo, incluso postrado en su lecho de muerte estaba disfrutando de la situación riendo divertidísimo. Un discípulo le dijo:

-Nos confundes. Te estás muriendo. ¿Por qué te ríes? ¿Qué hay de divertido en ello? Nosotros nos sentimos tan tristes . . . Te quisimos preguntar muchas veces por qué nunca estabas triste. Al menos ahora, enfrentando la muerte, deberías estar triste, ¡y aún ahora te estás riendo! ¿Cómo te las arreglas?

Y el anciano dijo: -La clave es simple. Se la pregunté a mi maestro. Fui a mi maestro cuando yo era joven –sólo tenía diecisiete años- y ya me sentía miserable. Mi maestro era viejo –tenía setenta años- y estaba sentado debajo de un árbol riendo sin ninguna razón aparente. No había nadie más, ni había ocurrido nada. Nadie había contado un chiste ni nada parecido, y él se estaba riendo agarrándose la tripa. Yo le pregunté: “¿Qué te ocurre? ¿Estás loco o qué?”

El dijo: “Un día también estaba tan triste como tú, y entonces caí en la cuenta de que esa era mi elección, es era mi vida. Desde ese día, cada mañana, al despertarme, la primera cosa que hago antes de abrir los ojos es decirme a mí mismo: Abdullah –ése era su nombre-, ¿qué quieres?: ¿Miseria? ¿Dicha? ¿Qué vas a elegir hoy?. Y ocurre que siempre elijo la dicha”.

Se trata de una elección. Inténtalo. Nada más despertarte, cuando te das cuenta de que el sueño te ha dejado, pregúntate: “Abdullah, ¡un día más! ¿Qué quieres? ¿Qué es lo que eliges?: ¿Sufrimiento o dicha?”.

Y ¿quién elegiría la miseria? Y ¿por qué? Es tan antinatural . . .a menos que uno se sienta dichoso siendo mísero. Y entonces estarías eligiendo igualmente la dicha, no la miseria.

Osho.

PostHeaderIcon Centrarse en el Corazón

¡Inténtalo! Hay muchas formas de hacerlo. Toca a alguien: si eres una persona que se rige por el corazón el contacto irá directo a tu corazón y sentirás esa cualidad. Si coges la mano de una persona que se rige por la cabeza, la mano estará fría. Y no sólo fría, sino que la cualidad del propio contacto será fría; la mano estará falta de vida. Si la persona se rige por el corazón notarás una cierta calidez. Entonces su mano se fundirá realmente contigo. Sentirás que algo fluye de su mano hacia ti y se producirá un encuentro, una comunión cálida.

Esta calidez proviene del corazón. No es así con la cabeza, porque la cabeza es siempre fría, fría y calculadora. El corazón es cálido, no es calculador. La cabeza siempre piensa cómo adquirir más, el corazón como dar más. Esa calidez es propiamente dar: dar energía, dar vibraciones desde el interior, dar vida. Por eso sientes que hay una cualidad distinta en el corazón. Si la persona te abraza realmente, sientes una profunda fusión con ella.

¡Toca! Cierra los ojos y toca cualquier cosa. Toca a tu amado o a tu amante, toca a tu hijo o a tu madre, a tu amigo, a un árbol, una flor o simplemente la tierra. Cierra los ojos y siente la comunicación entre tu corazón y la tierra o tu amado. Siente cómo tu mano es tu corazón que se estira para tocar la tierra. Deja que el sentido del tacto se relacione con el corazón.

Cuando escuches música, no la escuches con la cabeza. Olvídate de la cabeza y trata de sentir como si fueras un ser sin cabeza. Mientras escuchas música, escúchala con el corazón. Siéntela llegar al corazón, deja que tu corazón vibre con ella. Deja que tus sentidos se unan al corazón, y no a la cabeza. Intenta esto mismo con todos los sentidos y siente cómo cada sentido va al corazón y se disuelve cada vez más en él.

El corazón es el loto. Cada sentido simplemente es la apertura del loto, los pétalos del loto. Primero intenta relacionar tus sentidos con el corazón. Segundo, ten presente que cada sentido va directo al corazón y es absorbido por él. Una vez que estas dos cosas se asientan, y sólo entonces, tus sentidos comenzarán a ayudarte: te dirigirán al corazón y éste se convertirá en un loto.

Osho.

PostHeaderIcon Entrando en la Muerte

La vida es una peregrinación hacia la muerte. Ya desde su mismo comienzo la muerte se está acercando. La muerte ha empezado a venir hacia ti desde el momento mismo del nacimiento, y tú has empezado a avanzar hacia la muerte.

La peor calamidad que le ha ocurrido a la mente humana es que está en contra de la muerte. Estar en contra de la muerte significa perderse el misterio supremo.

Y estar en contra de la muerte significa también que perderás la vida misma, porque están profundamente interrelacionadas: no son dos. La vida va creciendo, la muerte es su florecimiento. El viaje y la meta no están separados: el viaje termina en la meta.

Osho.

PostHeaderIcon La Pareja en Meditación

Ante todo es preciso comprender algunas cosas fundamentales.

Primero: hombre y mujer son, por una parte, complementarios, y por otra, opuestos.

El ser opuestos hace que se atraigan mutuamente. Cuanto más lejos estén, más profunda será la atracción; cuanto más distintos sean el uno del otro, mayor será el encanto, la belleza y la atracción. Sin embargo ahí radica el problema.

Al acercarse, quieren acercarse más, quieren fundirse el uno en el otro, quieren volverse uno, un todo armonioso; pero toda su atracción se basa en la oposición, y la armonía dependerá de disolver esa oposición.

A menos que una relación amorosa sea muy consciente, creará angustia, un gran problema. Todos los enamorados tienen problemas. El problema no es personal, está en la misma naturaleza de las cosas. De no ser así no se habrían atraído mutuamente –eso que llaman “enamorarse”-, no pueden dar ninguna razón de por qué sienten una atracción tan tremenda el uno hacia el otro. Ni siquiera son conscientes de las causas subyacentes; de ahí que ocurra algo extraño: los amantes más felices son aquellos que nunca llegan a encontrarse.

Una vez se encuentran, la misma oposición que genera la atracción se convierte en conflicto. Sus actitudes son distintas en las pequeñas cosas, sus planteamientos son distintos. A pesar de que hablan el mismo idioma, no se entienden. Todos los conflictos del mundo se deben a los malentendidos. Dices algo y tu mujer entiende otra cosa. Ella dice algo y tú entiendes otra cosa.

Sólo a través de la meditación el amor empieza a tomar nuevos colores, nueva música, nuevas canciones, nuevas danzas; porque la meditación te da la comprensión para entender al polo opuesto, y con la comprensión el conflicto desaparece.

Osho.

PostHeaderIcon Luz Interior

En tu corazón arde una llama.
Tu cuerpo es sólo la luz en torno a la llama.

Tu ser más profundo es de la naturaleza de la luz. La consciencia es luz, la consciencia es la única luz. Tu existencia es inconsciente: haces cosas sin saber por qué, deseas cosas sin saber por qué, preguntas cosas sin saber por qué, vas a la deriva en un sueño inconsciente.

Todos somos sonámbulos. El sonambulismo, el andar y vivir dormidos, es la única enfermedad espiritual. Sé más consciente.

Comienza a ser más consciente de los objetos. Mira las cosas con más atención.

Mira a una flor como si toda tu existencia dependiera de esta mirada. Préstale toda tu consciencia y, súbitamente, la flor se transfigura: es más radiante, más luminosa. Tiene algo de la gloria de lo eterno, como si lo eterno hubiera llegado a lo temporal en forma de flor.

Mira con atención la cara de tu marido, de tu esposa, de tu amigo, de tu amado, medita en ello y de pronto ves no sólo el cuerpo, sino lo que está más allá de él, lo que emerge del cuerpo. Hay como un aura de lo espiritual alrededor del cuerpo. La cara del amado ya no es más el rostro de tu amado; la cara del amado se convierte en el rostro de lo divino. Mira a tu hijo en estado de alerta total, plenamente consciente; obsérvalo mientras juega y, de pronto, el objeto de tu mirada se transfigura.

Si pasas junto a un árbol, obsérvale en una actitud de alerta. Detente un momento, mira al árbol; frótate los ojos, mira al árbol de nuevo pero más despierto.

Centra tu consciencia, mira al árbol y observaras la diferencia. De pronto, cuando estás alerta, el árbol es distinto: más verde, más vivo, más hermoso.

El árbol es el mismo eres tu quien ha cambiado.

Osho.

PostHeaderIcon En las Noches

Antes de dormir, proponte cerrar los ojos durante veinte minutos y entrar en tu vacío. Acéptalo, déjalo estar ahí. Si aparece el miedo, déjalo estar también. Tiembla de miedo pero no rechaces ese espacio que está naciendo ahí. Al cabo de dos o tres semanas empezarás a sentir su belleza, empezaras a sentir su bendición, el miedo desaparecerá por su propia cuenta. No debes luchar con él.

Siéntate de rodillas en el suelo, o en una postura cómoda para ti. Si tu cabeza empieza a inclinarse hacia delante –lo hará- permítelo. Te quedarás en una postura casi uterina, como el niño dentro del útero de la madre. Tu cabeza empezará a tocar las rodillas, o el suelo. . .permítelo. Entra en tu propio útero y quédate ahí. No uses técnicas, no uses mantras, no hagas esfuerzo, simplemente quédate ahí. Familiarízate con lo que hay. Es algo que no has conocido antes. Tu mente está recelosa porque esto viene de una dimensión muy diferente y desconocida. La mente no puede con esto. Nunca ha conocido nada parecido, de modo que está extrañada, quiere categorizarlo y etiquetarlo.

Pero lo conocido es la mente, y lo desconocido es Dios. Lo desconocido nunca se convierte en parte de lo conocido. Cuando se convierte en parte de lo conocido, deja de ser el Dios desconocido. Lo desconocido seguirá siendo incognoscible. Aunque lo hayas conocido, seguirá siendo desconocido. Este misterio no tiene solución. El misterio es intrínsecamente irresoluble.

Todas las noches entra en ese espacio. Tendrás miedo, temblarás, pero eso también está bien. Poco a poco, el miedo irá disminuyendo y cada vez disfrutarás más. De repente, al cabo de tres semanas, verás que un día surgen tantas bendiciones, tu energía aumentará tanto, tu ser tendrá tanta alegría, que es como si se hubiera acabado la noche y saliese el sol por el horizonte.

Osho.



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