A mi hermano Miguel

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Hermano, hoy estoy en el poyo de la casa,
donde nos haces una falta sin fondo!

Me acuerdo que jugábamos esta hora,
y que mamá nos acariciaba: “Pero hijos . . .”

Ahora yo me escondo, como antes,
todas estas oraciones vespertinas,
y espero que tú no des conmigo.

Por la sala, el zaguán, los corredores.
Después, te ocultas tú, y yo no doy contigo.

Me acuerdo que nos hacíamos llorar,
hermano, en aquel juego.

Miguel, tú te escondiste
una noche de agosto, al alborear;
pero, en vez de ocultarte riendo, estabas triste.

Y tu gemelo corazón de esas tardes
extintas se ha aburrido de no encontrarte.
Y ya cae sombra en el alma.

Oye, hermano, no tardes en salir: Bueno?
Puede inquietarse mamá.

César Vallejo

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