Pide un deseo

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Pide un deseo:
Pero pídelo de verdad. Ojos cerrados, pecho abierto de par en par. No temas que los monstruos que habitan en tu cabeza puedan entrar. Esto es solo tuyo; no encontrarán el camino si no los dejas pasar.
Pide un deseo con los ojos cerrados… o atentos por si cruza una estrella fugaz. Aunque, seamos serios… ¿cuándo se hizo alguno de esos realidad?
Pero pídelo, venga. Como si cualquier cosa pudiera cumplirse, como si estuviera permitido, incluso, soñar con volar.
Pide un deseo que haga minúsculos los obstáculos, que salga de lo más hondo, de los labios de en quién piensas antes de dormir. Que los “no debo”, “no puedo”, “¿qué será de los demás?”, no medien. Solo escarba bien hondo, vísceras adentro, hasta encontrar aquello que aparece en tu cabeza nada más despertar.
Yo pedí uno de esos. Uno en silencio, con una voz interna muy queda, con un hilo de pensamiento rojo que, de seguirlo palmo a palmo, terminaría en tu pulgar. Lo pedí como te lo estoy diciendo: con alas, sin miedo, dispuesta a encarar el resultado si algún día se llegaba a cumplir. Aunque no fuera fácil. Aunque me llevase lejos. Aunque… aunque.
No se cumplió, lo puedes imaginar. Pero no importa porque, si pides un deseo, si lo haces de verdad, es mucho más fácil situar el punto justo del horizonte donde debes mirar.
Y hablando de mirar… mírate las manos y busca hebras escarlata que delaten la existencia de aquel lazo y verás que ahí están.
Oh, qué importante es soñar.

Elisabet Benavent (@betacoqueta)

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